Si una noche de tormenta se ve una figura de mujer envuelta en llamas, surcando el cielo como una centella, que nadie se frote los ojos: es Mari, la diosa de los vascos, que viaja de una morada a otra.
Mari es la divinidad, el genio más popular e importante de la mitología vasca, y, como la mayoría de ellos, es de género femenino. Mari habita en las profundidades de la Tierra, pero a menudo sale de ella por grutas y cavernas a cuya entrada, placidamente sentada, se deja ver.
Muchas son las montañas y sierras que Mari tiene como morada (Aralar, Aizkorri, Txindoki, Gorbea…), pero, sin duda, su favorita es el rocoso Anboto, en los montes del Duranguesado.
Baxajaun
Otro de los numenes más conocidos es Baxajaun, el Señor de los bosques. Tiene figura humana, y a pesar de su formidable altura, de su espesa barba, de sus largos cabellos que le caen hasta la cintura y de su aspecto feroz, se le tiene en gran estima porque ahuyenta al lobo y avisa a los pastores de la llegada de las tormentas.
Gaueko es el Señor de la noche. Por toda Euskal Herria se cuentan leyendas que hablan de muchachas raptadas por Gaueko en escarmiento por salir de noche sin necesidad, desobedeciendo sus mandatos y burlándose de su poder.
Junto a los ya nombrados, muchos otros son los genios y divinidades de la mitología vasca que configuran su particular universo: Inguma, Tartalo, Akerbeltz, Aideko, Mamarro, Ieltxu, las presumidas Lamias, los pequeños Galtzagorris…
Elementos naturales
El pueblo vasco siempre ha sentido gran respeto y veneración por los elementos naturales. Lur, la Tierra, es considerada madre del Sol y de la Luna. A Urtzi, el Cielo, se le atribuyen las lluvias beneficiosas de la primavera. El culto que los vascos han profesado desde siempre a Eguski, el astro solar, se refleja en monumentos de su arte popular. Un claro exponente son las lápidas funerarias, como la que podemos admirar aquí mismo, en el pórtico de la iglesia de Santa María Magdalena de Arrigorriaga, junto al sarcófago de piedra. En bastantes de ellas es posible apreciar rosetones, círculos, figuras que representan al Sol y, en algunas ocasiones, también a Ilargi, la Luna.
Con toda seguridad, en más de una población de Euskal Herria quedarán todavía personas que si ahora mismo les preguntáramos si creen en los diversos genios de nuestra mitología, responderían con una sonrisa y con la frase que desde antiguo se recomienda: “Todos los seres que tienen nombre existen, pero no hay que decir que existen”.