Las Juntas Generales son el máximo órgano de representación del pueblo de Bizkaia. Entre sus muchas funciones se cuentan la elección del Diputado General, la aprobación de los Presupuestos Forales y el control de la Diputación.
Buscando una simplificación casi infantil al término Juntas Generales, podríamos traducirlo por “reunión de la generalidad”, es decir, “reunión de todos”. Esto precisamente, una “reunión de todo el pueblo de Bizkaia”, es lo que las Juntas Generales fueron en sus orígenes. A partir del establecimiento del Señorío, allá por el año 1040, la voluntad de los bizkainos se depositó en manos de unos representantes, democráticamente elegidos, que eran quienes la defendían en las Juntas Generales.
Según la opinión de muchos historiadores, las Juntas Generales se remontan a tiempos anteriores a la Edad Media. Donde ya no hay duda de que los bizkainos se congregaban para tratar de los asuntos concernientes a su gobierno es en la época del Señorío, tal como deja ver claramente un documento de donación del año 1053, expedido por el primer Señor de Bizkaia reconocido como tal, Iñigo López “Ezkerra”, en el cual puede leerse: “…in presentia omnium seniorum de Vizcaya”.
Primer testimonio escrito
No obstante, el primer testimonio escrito -hasta ahora conocido- que de fe de una celebración de Juntas Generales en Bizkaia, data del año 1342 y forma parte de los Fueros que Doña María Díaz de Haro y su esposo Don Juan Núñez de Lara, como Señores de Bizkaia que eran, otorgaron a los bizkainos, y en el cual se lee lo siguiente: “…estando don Juan e doña María en la Junta de Guernica, llamados a Junta General e tañidas las cinco bozinas…”
Hasta finales del siglo XVI, la llamada a Juntas se efectuaba desde los cinco montes conocidos como “bocineros”, precisamente porque desde sus cimas se hacían sonar bocinas para anunciar tal evento. Estos cinco montes se hallan ubicados en lugares estratégicos, que dominan toda la geografía bizkaina: el Oiz en la zona del Duranguesado, el Sollube en las inmediaciones de Bermeo, el Kolitza en las Encartaciones, el Ganekogorta a caballo entre Bilbao y Sodupe y el legendario Gorbea coronando el valle de Arratia.
Documentos escritos
A finales del siglo XVI los cuernos o bocinas se sustituyeron por documentos escritos, cuyos mensajes ya no eran llevados por el viento, sino por los veloces caballos de los mensajeros. Así, los requeridos salían hacia Gernika para presentarse el día prefijado, que siempre caía en martes para que todos hubiesen tenido tiempo de escuchar misa en su respectiva anteiglesia, y lo tuviesen igualmente para escucharla el domingo siguiente, a la vuelta.
El texto de la llamada a Juntas seguía unas determinadas pautas formales, que, en el siglo XIX por ejemplo, eran las siguientes: “Hago saber a los Ayuntamientos y Justicias de las Anteiglesias, Villas, Ciudad, Concejos y Valles de Vizcaya, Caballeros, escuderos, Infanzones, Hijosdalgo, sus vecinos y naturales, que en Diputación General, celebrada en el día de la fecha con mi asistencia se ha acordado convocar Junta General só el Arbol de Guernica para el día… con el objeto de tratar los puntos siguientes… y de los demás asuntos, casos y cosas del servicio de ambas Majestades Divina y Humana.”
El ritual se realizaba con una gran solemnidad: una vez llegados al lugar el Corregidor, los Diputados Generales, los Síndicos, los Regidores, Oficiales del Señorío y los Apoderados de las Anteiglesias, Villas y Ciudad, y reunidos en el ayuntamiento de Gernika, se dirigían todos en procesión hasta el Árbol, en donde se nombraban a los municipios que conformaban el Señorío. Una vez realizado este acto, pasaban todos al interior de la Iglesia Juradera de Nuestra Señora Santa María la Antigua, en donde asistían a una misa rezada. Acabada la misma, salían y se repetía el Llamamiento Foral, por orden de antigüedad. En este orden, que experimentó variaciones a lo largo de los siglos y quedó establecido de manera fija en 1854, Arrigorriaga ocupaba el puesto 39, correspondiendo el 1º a Bilbao y el último, el 115, a Basauri.
El Corregidor
Las Juntas Generales eran convocadas por el Corregidor. Esta figura, la más alta en el escalafón de las Juntas Generales, era el representante del Señor en Bizkaia. Entre las condiciones que se exigían para cargo de tanta importancia, estaban la de ser Doctor o Licenciado, de linaje caballero o hijodalgo y foráneo, concretamente y tal como se estipulaba de manera literal en las ordenanzas, “de allende el Ebro”. Su cargo duraba un año, durante el cual -según se estipulaba en el capítulo de sus obligaciones- debía repartir su estancia a partes iguales entre Bilbao, Bermeo y Durango, cuatro meses en cada una de ellas, aunque en la práctica todos los Corregidores fijaban su residencia en la primera de dichas villas.
A pesar de su poder absoluto, el Corregidor y sus Tenientes debían rendir cuentas al Señorío de su trabajo una vez finalizado éste. Este trámite no era un mero formulismo, sino un acto en toda regla, llegando a darse el caso de que algunos Corregidores, debido a su nefasta actuación, acabaran en la cárcel. Por lo que parece deducirse de los documentos, hasta principios del siglo XVII las Juntas se reunían cada cuatro meses, pasando de allí en adelante a hacerlo dos veces al año. Más tarde, en julio de 1748, se acordó que se celebraran con una periodicidad de dos años.
Incorporación a la Corona de Castilla
Desde sus inicios, allá por 1040, el Señorío de Bizkaia estuvo ostentado por diversas Casas, como la de Haro, la de Lara y la de Trastámara, hasta que en 1370 se incorporó a la Corona de Castilla. Ser Señor de Bizkaia no era algo baladí ni que pudiera recibirse de manera gratuita ni, mucho menos, en la distancia. Para que el futuro Señor fuera reconocido como tal, tenía que personarse en Bizkaia y efectuar el recorrido de la llamada “Ruta Juradera”. Dicha ruta comenzaba en la villa de Bilbao, en donde el Señor juraba por vez primera; de allí, subiendo por el alto de Santo Domingo y bajando a Zamudio, llegaba con su séquito y autoridades hasta Larrabetzu, en donde juraba por segunda vez. La tercera tenía lugar en Gernika, el hito más importante y en el que más solemne era el juramento. Aquí, el Señor, descalzado el pie derecho, juraba respetar los Fueros y Privilegios del Señorío de Bizkaia pronunciando el siguiente formulismo:
“Yo, Señor de Vizcaya juro que bien
y verdaderamente guardaré y
mandaré guardar todas las
libertades, franquezas y privilegios,
usos, costumbres, que los
Vizcaínos, así de la tierra llana
como de las villas y ciudad, y
Encartaciones y Durangueses de
ella tuvieron hasta aquí y en la
manera que ellos tienen y quieren.”
Entonces recibía la aceptación de los bizkainos, la cual demostraban besándole la mano. El viaje acababa en Bermeo, en donde tenía lugar el cuarto y último juramento. Las Juntas Generales pervivieron sin interrupción hasta el año 1877, en que, tras la tercera Guerra Carlista, quedaron suprimidas, lo mismo que los Fueros, por el gobierno de Cánovas del Castillo. Hubo que esperar más de un siglo, hasta 1979 exactamente, para que la institución recuperara sus competencias.
No puede ni debe hablarse de Fueros y Juntas Generales sin hacer una mención especial, aunque sea de forma breve, al Árbol de Gernika. Antiguamente, el paraje que hoy conocemos pertenecía a la Anteiglesia de Luno, y en ella existía un robledal y una ermita. Con el paso del tiempo, el robledal fue reduciéndose, hasta quedar solamente el Roble Foral. Por su parte, la ermita pasó a ser la Iglesia Juradera de Nuestra Señora Santa María la Antigua, a la cual fueron anexionándose otras edificaciones, que ya desde el siglo XIV se han venido conociendo como Casa de Juntas de Gernika.
El Árbol de Gernika simboliza en la actualidad no sólo las Libertades de los bizkainos, sino del conjunto de los vascos.