El secreto de las piedras rojas de arrigorriaga

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El euskera, la enigmática lengua de un pueblo milenario

Los orígenes del euskera, la lengua de los vascos, continúa siendo hoy en día un enigma para lingüistas, investigadores, escritores y, en general, para todos aquellos estudiosos del tema.

Desde el siglo XVI, en el que las raíces del euskera comenzaron a estudiarse de manera más o menos rigurosa, las teorías formuladas han sido muchas y, en algunos casos, realmente pintorescas y revestidas de un encantador halo mitológico. Una de las primeras, sostenida por eruditos de la época como por ejemplo Esteban de Garibay, es la que nos dice que el euskera fue traído a la península ibérica por Túbal, nieto de Noé, después del episodio de la Torre de Babel. Según esta creencia, el euskera era la “lengua madre”, a partir de la cual Dios creo un sinfín de lenguas para confusión de los hombres en castigo por su ambición. Para adornar aún más la leyenda, llegó a decirse que la lengua de los vascos era la hablada en el Paraíso, ya que una lengua tan perfecta sólo podría haber sido inspirada por el mismísimo ingenio de Dios.

ilustracion pg del euskara

Una segunda teoría, ésta de bases más científicas y conocida como teoría del “vasco-iberismo”, sostuvo durante todo el siglo XIX que estos dos idiomas, el vasco y el íbero, eran uno solo. W. Von Humboldt, uno de los grandes maestros alemanes que defendían esta idea, llegó incluso a explicar la toponimia clásica de Hispania tomando como referencia el euskera, método que empleó igualmente para traducir una serie de inscripciones ibéricas. Sin embargo, estudios posteriores vinieron a dictaminar que la correspondencia entre términos íberos y vascos era tan escasa que no servía para probar una relación entre ambas lenguas.

Origen Africano

Otra de las hipótesis expuestas, a caballo entre los siglos XIX y XX, abandonaba Europa y centraba sus indagaciones en tierras de África, ya que diversos investigadores creyeron encontrar ciertas similitudes entre el euskera y algunas lenguas de la familia camítica, es decir, de las habladas en el Norte y Este de dicho continente, tales como la egipcia, la somalí, la etíope o la berebere. Precisamente esta última fue la que el lingüista checo Jan Mukarovsky identificó como antecesora del euskera, basándose en las analogías fonológicas que, a su juicio, existían entre ambos idiomas. Al igual que ocurrió con la teoría del vasco-iberismo, los paralelismos entre el euskera y el berebere no fueron suficientes para defender unas raíces comunes.

Una de las hipótesis más aceptadas, aunque en modo alguno establecida, es la que relaciona la lengua de los vascos con las del Caúcaso. Tanto lingüistas rusos y georgianos como vascos han apoyado esta teoría. Entre estos últimos figura el guipuzcoano Koldo Mitxelena, quien, tras rechazar una posible relación aduciendo que en el Cáucaso existían cerca de cuarenta lenguas diferentes -lo cual parecía desechar cualquier similitud entre ellas y el euskera-, reconoció, después de una serie de estudios, que existía cierta semejanza en algunos aspectos, como por ejemplo la pluralidad en la persona de los verbos y varias palabras concernientes al ámbito de la ganadería y de la agricultura. Por ello, la teoría de una relación entre el euskera y las lenguas caucásicas, especialmente con el georgiano, es una de las más tenidas en cuenta. Igualmente respetada es la que, a mediados del siglo XX, propuso un origen preindoeuropeo para el euskera.

Todas estas teorías y algunas más se han venido formulando a lo largo de los siglos. La mayoría fueron resultado de exhaustivos trabajos, otras emplearon métodos carentes de todo rigor para hacer valer sus ideas. A nivel popular todas ellas han sido aceptadas en mayor o menor medida. Hasta bien entrado el siglo XX, incluso la que nos pintaba a un Adán y a una Eva discutiendo en euskera el morder o no la manzana de la discordia, tuvo su aceptación entre las gentes. La verdad es que, mirándolo fríamente, ¿por qué no? Al fin y al cabo, si sus orígenes se desconocen y muchos entendidos en la materia los remontan a la prehistoria, la bola del euskera también podía entrar en el bombo.

Misterio lingüístico e histórico

Lo único que con seguridad podemos decir hoy y ahora, es que el euskera, la lengua de los vascos, es un misterio lingüístico e histórico que nadie hasta el momento ha sabido resolver. A mantener ese misterio contribuye también la escasez de testimonios escritos que nos quedan del euskera, si bien los recientes descubrimientos acaecidos en tierras alavesas han obligado a replantear la historia de esta lengua. Entre otras consideraciones, el hallazgo en la primavera de 2006 en el yacimiento de Iruña-Veleia (a 10 kms. de Vitoria-Gasteiz), de unas inscripciones en las que aparecen palabras comunes escritas en euskera, viene a aclarar dos puntos vitales a la hora de fijar este idioma en el tiempo: por una parte, las piezas encontradas, que, a falta de confirmaciones más exactas, los expertos han datado entre los siglos III al V, adelantarían en unos 600 años la primera aparición de palabras escritas en euskera, privilegio que hasta ahora ostentaban las Glosas Emilianenses (anotaciones marginales en un texto latino) descubiertas en San Millán de la Cogolla (La Rioja), y fechadas en el siglo XI. Al mismo tiempo, serían la prueba de que antes de la romanización el euskera era la lengua de los habitantes de estas tierras.

Respecto al mapa que un día ocupó el euskera, las referencias históricas nos llevan a la frontera entre la Alta y la Baja Edad Media, concretamente a los siglos IX y X. En esa época, la lengua de los vascos, la “lingua navarrorum” o “lingua vasconica”, como por entonces era denominada, comprendía unos límites muy superiores a los actuales. Por el Norte llegaba hasta las orillas del Garona (Burdeos), por el Este hasta tierras aragonesas, por el Sur se extendía por la Rioja y por el Oeste alcanzaba zonas de Castilla. De ello dan fe las poblaciones de esos territorios que aún conservan nombres vascos, o pruebas documentales como las Ordenanzas Municipales de Huesca del año 1349, en las que se aconseja que no se permita comprar ni vender (entre otras) a aquellas personas que hablen “vascuence”.

Recuperación

Desde finales del siglo XI, el euskera comenzaría a perder terreno, debido sobre todo a los cambios políticos y a la llegada de las nuevas lenguas que ello conllevaba. Actualmente, tras padecer etapas de extrema delicadeza, el euskera vive un momento de recuperación, fomentado en gran parte por la iniciativa llevada a cabo en los años 60 de unificar los diversos dialectos en uno solo, el euskera batua (“unificado”, precisamente, sería su significado). Esto, y los esfuerzos de organismos oficiales y particulares, han propiciado que hoy en día el euskera sea hablado por, aproximadamente, 700.000 personas en la Comunidad Autónoma Vasca (un 48% más que hace 20 años) y unas 100.00 en la diáspora. Esta progresión mantiene la esperanza de que la antiquísima lengua de los vascos deje de ser una lengua en peligro de extinción para consolidarse como una lengua viva.

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