La leyenda cuenta que en el interior del sarcófago de piedra que hay en el pórtico de la iglesia se encuentran los restos mortales del príncipe leonés Ordoño. El sepulcro pretende ser la prueba palpable del terrible combate que dio nombre a la localidad, acontecimiento que, en cierto modo, se sigue manteniendo como uno de los primeros hitos épicos de la historia del País Vasco: la batalla de Padura.
Lo cierto es que el sarcófago es una sencilla tumba del siglo XIV y que la batalla es muy probable que nunca llegara a celebrarse. Pero la leyenda sobre ella es tan antigua y ha influido a tanta gente a través de los siglos que merece la pena de ser contada.
Las primeras páginas que narran este suceso se escribieron allá por el año 1340, y ya entonces era una historia vieja, muy conocida por todos. Después, muchos escritores y cronistas nos han legado su versión de los hechos que condujeron a que aquí se librase una gran batalla y las consecuencias que se derivaron de su inesperado resultado. Escuchando sus voces podemos adentrarnos en el oscuro mundo de esta historia legendaria y conocer lo que dicen que ocurrió en Arrigorriaga, un día de junio del año 888…
Humillación
Desde los tiempos de los primeros reyes astur-leoneses, la tierra de Bizkaia estaba obligada a pagar anualmente el tributo de un caballo, una vaca y un buey, todos ellos de color blanco, pues tenían más valor. Cada año, los bizkainos viajaban a Oviedo, y a su propia humillación se sumaba el eco de la baqueira que, desde lo más alto de las montañas asturianas, repetía de valle en valle los versos de aquella hiriente tradición.
Cuentan que entrado ya el siglo noveno, una hija legítima del rey de Escocia, obligada a huir de su país tras la muerte del padre, arribó en lo que hoy día es Mundaka con unas naos en las que, junto a ella, viajaban muchos hombres y mujeres. Era un día de tormenta, y al llegar a un punto de la costa en que las aguas estaban más claras, pronunciaron las palabras “aca munda”, que quiere decir “agua limpia”, y por esto le llamaron Mundaca. Tanto placieron a la princesa el lugar y las gentes que lo habitaban, que decidió quedarse a vivir entre ellas.
Una noche durmió con la joven princesa en sueños un diablo, que llaman en Bizkaia Culebro, Señor de la Casa, del cual, como escribe el cronista Lope García de Salazar “… la Infanta fue preñada y parió un hijo, que fue ome mucho hermoso y de buen cuerpo y llamáronle Don Zurián, que quiere decir en castellano Don Blanco”.
Incursión de rapiña
No había cumplido este Jaun Zuria la edad de treinta años, cuando Alfonso III, rey de Asturias y León, llamado el Magno, mandó a su hijo Ordoño a realizar una incursión de rapiña en tierras de Bizkaia. Llegó este príncipe hasta Bakio, arramplando con todo lo que se ponía en su camino. Los bizkainos se juntaron en Gernika, tal como era su costumbre, y allí, tras largos debates, llegaron al acuerdo de comunicar a Ordoño su decisión de no pagar nunca más el tributo anual e “ir a pelear con él, para lo matar, o morir todos allí”. El príncipe astur-leonés les respondió que no daría batalla ni a ellos ni a nadie que no fuese rey o de sangre real. Resolvieron entonces los bizkainos acudir a Jaun Zuria, pues era nieto del rey de Escocia. Y Jaun Zuria aceptó capitanear aquella batalla, que consideró justa.
En lo más alto de los montes bocineros se encendieron hogueras y se tocaron cuernos; en todos los pueblos y aldeas de Bizkaia, hombres, mujeres, niños y ancianos, se aprestaron a afilar armas, levantar cercas, almacenar víveres y agua… Cuando todo estuvo dispuesto, Jaun Zuria, al frente de sus tropas, entre las que se encontraba Don Sancho Eztiguiz, Señor de Durango, con sus hombres, salió al encuentro de los ejércitos del hijo del rey de León. Se toparon en el valle de Padura, en donde… “ oviendo fuerte batalla e mucho porfiada, e después de muertos muchos de ambas las partes, fueron vencidos los leoneses, e muerto aquel fijo del Rey, e muchos de los suyos”. “… e porque en Padura fue derramada tanta sangre, llamaron al lugar Arrigorriaga, que dice en vascuence peña viciada de sangre, como la llaman agora… … e a Jaun Zuria, tomáronlo por Señor de Bizkaia.”
Una invención
Hoy son mayoría los historiadores e investigadores para quienes Jaun Zuria, la batalla de Padura y todo lo que los rodea no pasa de ser una mera invención medieval. Históricamente, no existe prueba alguna de que el episodio de la batalla que ensangrentó Arrigorriaga sucediese realmente.
Al igual que otras batallas fantasiosas, como por ejemplo la de Covadonga o la de Clavijo, queda envuelta en una mágica nebulosa de ficciones y realidades, de fragmentos de historia y sucesos casi milagrosos. Pero sea verdad o mentira, el valor de la mítica batalla de Padura fue que su narración atravesó los siglos hasta llegar a convertirse en símbolo de unos ideales y en raíz sobre la que sustentar unos derechos, una forma de gobierno y, en ciertos aspectos, la propia identidad del pueblo vasco como comunidad unida que se resistió al dominio exterior.
En Arrigorriaga, el recuerdo de la batalla no sólo está en el sepulcro de piedra del pórtico de la iglesia, sino también en el mismo escudo de la localidad. En él podemos ver, junto a la cruz latina y el árbol, a dos lobos que llevan un cordero cada uno en su boca. Estos lobos, según García de Salazar, son “los dos lobos encarnizados que Jaun Zuria se topó en saliendo para la dicha batalla, llevando sendos carneros asados en las bocas, teniéndolo por buena señal, como en aquel tiempo eran hombres agoreros”.